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K-ro

Ambas piezas comparten una decisión compositiva audaz: el encuadre extremo sobre el ojo, que abandona el retrato animal convencional para proponer un cara a cara casi incómodo con el espectador. Es una apuesta contemporánea que emparenta la serie con la ilustración expresiva actual más que con la acuarela naturalista tradicional.

En el águila, K-ro logra el mayor equilibrio entre control y azar. El iris, trabajado con precisión —esa media luna de luz sobre el ámbar—, ancla la composición, mientras las salpicaduras de tinta negra a la izquierda se dispersan como plumaje en desintegración. Los lavados fríos de azul y verde respiran; el pico emerge de una mancha oscura con una economía de medios admirable. Es la obra más lírica de las dos.

La cebra es la más gráfica y arriesgada. Las rayas se convierten en corrientes lineales que organizan todo el plano, y el verde neón —un color ajeno a la paleta natural del animal— introduce tensión y contemporaneidad. Los goteos verticales bajo el ojo sugieren llanto, dándole una carga emotiva que trasciende lo decorativo. Si algo puede señalarse, es que el neón, en su exuberancia, compite por momentos con el ojo como punto focal.

Como conjunto, el díptico funciona muy bien: comparten fondo lila-grisáceo, escala, técnica mixta (acuarela, tinta, salpicadura) y el motivo del ojo como ventana. El contraste entre la calidez lírica del águila y la frialdad gráfica de la cebra crea un diálogo día/noche, caos/orden, que justifica plenamente ofrecerlas juntas en marcos separados. Recomendaría enmarcarlas con idéntica moldura fina y passe-partout blanco amplio, colgadas con los ojos a la misma altura para reforzar la simetría de las miradas.

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Carolina Rodríguez, K-ro, es una artista venezolana cuya trayectoria abarca del óleo sobre lienzo al arte en textiles —origen de su empresa Wanadi en la isla de Margarita—, pasando por la cerámica y el vidrio. Su serie más reciente, Noé, dedicada al reino animal en acuarela, condensa esa madurez técnica en imágenes de intensa fuerza expresiva. Las dos obras que acompañan esta presentación, un águila y una cebra capturados a través de la mirada, son testimonio de una artista que ya no pinta animales: pinta lo que los animales ven.

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